Esta es la historia de Mireya.

Mireya trabaja en el departamento de innovación de una gran multinacional. Lleva 1 mes en la empresa y no ha conseguido salir ni un solo día a su hora desde que entró. Se apuntó a baloncesto al lado del trabajo a las 19.30h. Salía a las 18h por lo que tenía tiempo de sobra. Sin embargo no ha conseguido ir a ningún entreno.

La mayoría de los días sale a las 20h, igual que el resto de sus compañeros. Bueno, todos menos Laura. A ella “se le cae el boli a las 18h” a cambio de miradas de “anda que a esta ya le vale”. Mireya no quiere que le pase eso. No lleva mucho tiempo y se quiere ganar la estima de sus compañeros así que también se queda trabajando hasta muy tarde.

A los dos meses de entrar, su jefa la ha reunido en el despacho grande. Está encantada con lo trabajadora que es y ha superado el periodo de prueba.

Mireya ya lleva 3 meses y ve como sus compañeros contestan e-mails fuera de horas laborales. Así que se pone el correo de la empresa en su nuevo iPhone para no ser menos.

Al octavo mes, Mireya ¡ya es una más! Sin embargo no todo va bien.

Discusiones constantes con su pareja porque está enganchada al teléfono. Dolores de cabeza constantes que no quitan ni el ibuprofeno. Frustración porque sigue sin poder ir a baloncesto, su deporte favorito.

Mireya pensó que era normal echar horas al principio porque sería cuestión de coger el ritmo pero se ha dado cuenta de que ese es el ritmo y si es honesta con ella misma y sus valores, no es lo que quiere para su vida.

Se pone límites: salir a su hora (salvo urgencias impepinables), no contestar emails fuera de horas de trabajo (salvo, de nuevo, urgencias), ir a un 90% de los entrenamientos de baloncesto y hablar con su jefa de todo esto.

Mireya le explicó su visión del trabajo, de cómo hay más vida fuera de él y cómo no es normal el ritmo que estaban llevando. Sorprendentemente, su jefa soltó un suspiro de cansancio y le admitió que ella también estaba agotada de ese ritmo y que estaba dispuesta a hacer cosas diferentes para salir de ahí.

Reunió a todo el equipo y acordaron formas de trabajo mucho más sanas y eficientes para su día a día.

Moraleja: practica la asertividad. Pon tus límites siendo respetuoso con los demás. Requiere de valentía pero merece mucho la pena.

En este artículo encontrarás consejos para potenciar la asertividad en el trabajo

 

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Melisa Terriza, es experta en coaching y herramientas para mánagers millennial.

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