Desde que la pandemia estalló, hemos aprendido que el tiempo es uno de los bienes más valiosos que tenemos, aunque está claro que no siempre podemos gestionarlo de la manera que deseamos. Durante el confinamiento, las jornadas laborales se alargaron a hasta el infinito (en algunos casos), pero hoy, prácticamente recuperados de aquello, estamos regresando a nuestras jornadas habituales.

De hecho, con la llegada del calor y los meses de verano, muchas empresas comienzan a aplicar la jornada intensiva. Por tanto, los empleados pueden marcharse a casa antes y emplear su tiempo como deseen: descansando, estando con su familia o disfrutando, en definitiva, de su tiempo de ocio y descanso como quieran.

Sin embargo, ¿sabías que hay empresas cuyos trabajadores disfrutan de la jornada intensiva durante todo el año? ¿Qué tal les está funcionando y cómo lo gestionan?

jornada intensiva todo el año

¿Qué es la jornada intensiva?

Veamos primero una definición de jornada intensiva. ¿Sabes en qué consiste exactamente? La jornada intensiva o continua no es más que hacer una jornada laboral sin pausas, exceptuando los descansos de 15 minutos, obligatorios por ley si se trabaja una jornada de más de seis horas. No en vano, ese espacio de tiempo se considera como parte de la jornada, tiempo efectivo de trabajo.

La conciliación es un factor importante y por ello las empresas lo tienen cada vez más en cuenta en sus políticas para atraer y retener talento. Y ya sabemos que para la gran mayoría, la decisión de formar o no formar parte de una empresa está condicionada por las posibilidades de equilibrar la vida laboral y personal. Este balance depende casi siempre del tipo de jornada y de los horarios de trabajo.

¿La jornada intensiva es solo para el verano?

Es lo que las empresas suelen aplicar, pero no tiene por qué. Muchas organizaciones optan por conceder la jornada intensiva a sus empleados durante los meses de verano: aquellos en los que se reduce la actividad o producción, cuando hace más calor y baja el rendimiento o cuando más trabajadores están disfrutando de sus vacaciones. No obstante, la jornada intensiva puede llegar a aplicarse todo el año. Será la empresa la que decida, teniendo en cuenta las necesidades de la misma, y por supuesto, de lo que se indique en el contrato de trabajo y el convenio colectivo.

Algunos convenios tienen establecidas las jornadas intensivas para el verano en períodos determinados. En cualquier caso, la distribución de la jornada tendrá que ser acordada por la empresa, que puede gestionar los horarios para que el tiempo que se trabaja de más durante el invierno sea compensado en verano.

jornada intensiva todo el año

La jornada intensiva todo el año es posible, sí. Pero, ¿resulta también efectiva?

Todas las formulas tienen sus ventajas y sus inconvenientes, de modo que lo más lógico es estudiar si la jornada intensiva durante todo el año es una opción que le convenga a nuestra empresa. En primer lugar, la decisión dependerá en gran medida de nuestras necesidades de producción o servicio. Es decir, si necesitamos seguir atendiendo a nuestros clientes durante las tardes, será inviable que todo el equipo pueda acogerse a una jornada intensiva durante todo el año. Y en ese caso quizá sea necesario establecer turnos.

No obstante, está claro que la racionalización de los horarios de nuestros empleados/as es una necesidad que ha cobrado muchísima importancia tras la pandemia. Por tanto, hay que valorar cuáles son las ventajas para los trabajadores/as y, por supuesto, para la organización:

– Más tiempo para conciliar. Este es el momento idóneo para plantearse seriamente la cuestión de la conciliación. Para muchas personas, finalizar su jornada a las 15.30 horas es una gran ventaja, porque les permite tener toda la tarde por delante, ya sea para dedicarse a su familia o a ellos mismos.

– Ahorro en costes. Tanto para el empleado/a como para la empresa. El primero, porque podrá marcharse a casa y comer allí, ahorrando dinero en dietas. La segunda, porque verá reducidos los costes en suministros (luz, aire acondicionado, calefacción, etcétera).

– Motivación extra. El hecho de tener más tiempo y de poder disfrutar de la segunda parte del día en toda su plenitud puede ser una gran dosis de motivación para los empleados/as que necesitan conciliar y esto se traduce, necesariamente, en más energía para realizar su trabajo.

¿Tiene desventajas?

Sí, claro, como todo tiene su parte buena y mala. Es cierto que las personas que trabajan en jornada intensiva tienen que acudir mucho antes al trabajo, con los ajustes logísticos que eso exige (especialmente si tienen hijos/as y tienen que llevarlos al colegio). Además, las jornadas son mucho más intensas porque se reducen las pausas. Por último, está la cuestión de la atención al cliente o a los proveedores. Esto es más fácil de resolver porque todas las gestiones tienen que trasladarse a la mañana o, en caso de que sea preciso, atender a los clientes fuera de la jornada, también se pueden establecer turnos o externalizar el servicio de atención al cliente.

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