Son las 16 de la tarde y mi dolor de cabeza es descomunal. Llevo todo el día apagando fuegos. Reunión a primera hora con EMEA, un dead-line que me han adelantado y el financiero necesitaba que le pasara una cifra para cerrar el presupuesto lo antes posible. Los e-mails se han ido acumulando y cuando consigo sentarme más de diez minutos seguidos en mi silla, pienso que quizá algo de música me va bien para relajarme.

Voy de un e-mail a otro sin priorizar, dejándome contestaciones a la mitad porque de camino me entra otro e-mail que contesto. Mi cabeza se debate entre cantar la canción que suena de la lista de Spotify o prestar atención a los correos. El dolor de cabeza no para y sé que no voy por buen camino. En ese momento decido cambiar la música, necesito algo instrumental para no seguir la letra.

También decido cerrar todos los emails que tengo abiertos y no abrir ninguno nuevo hasta no haber terminado el anterior (esto me cuesta horrores). Voy a hacer periodos de 35 minutos intensivos solo atendiendo los emails, sin distracciones. Solo pensaré en lo que estoy haciendo por muy aburrido que me parezca, aunque me tenga que ir narrando mentalmente “ahora voy a archivar este email en esta carpeta”. Le doy atención plena a lo que estoy haciendo en ese momento.

Cuando llevo unos 15 minutos, centrada solo en lo que estoy haciendo, me doy cuenta de que el dolor de cabeza ha desparecido como por arte de magia. No ha hecho falta ibuprofeno, no me ha hecho falta bálsamo de tigre, nada… “Solo” relajarme y centrar mi atención. ¿Te ha pasado alguna vez?

Tenemos la atención tan dividida, estamos tan acostumbrados al multitasking, que estar esperando a que se habrá un archivo adjunto te parece un crimen. “Mientras se abre aprovecho y hago… no se qué cosa”. Para cuando se te ha abierto el adjunto, tu ya estás 3 emails por delante y el Excel se queda ahí, indignado porque no le haces ni caso. [Consejos para aumentar tu productividad]

¿En serio el multitasking es efectivo? Empíricamente demostrado que no. De hecho, ni siquiera existe. No es cierto que seamos capaces de hacer varias cosas a la vez, lo que somos capaces es de llevar a nuestra mente de una cosa a otra a la velocidad de la luz. El multitasking no es eficiente, es agotador.

A partir de hoy, te invito a que como mínimo te comprometas contigo mismo a no abrir ningún email sin haber acabado el anterior, durante un día al menos. Si quieres ir un paso mas allá, haz esto con todas las tareas. No empieces ninguna, sin haber acabado o decidido posponer conscientemente la anterior. No será fácil pero tu cabeza te lo agradecerá. Aprende a equivocarte y disfruta de aprender. De los errores podemos aprender lecciones y aprovecharlas para nuestro crecimiento personal y profesional

 

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