Es posible que el clima laboral no sea el más idóneo, que una sobrecarga de trabajo genere discusiones entre compañeros o que simplemente acontezcan los típicos roces y problemas cotidianos que también se darían en cualquier relación personal. 
 
No hay que perder de vista que la mayoría de nosotros pasamos alrededor de ocho horas en nuestro puesto de trabajo. Lo raro sería que nunca surgieran conflictos. Pero, ¿cuáles son los problemas más habituales en el contexto de la empresa y de qué manera podemos colaborar en una buena resolución?
 
Conflictos entre compañeros: un clásico
 
Ocurre más de lo que desearíamos y puede traer consecuencias para los implicados, pero también para el resto de compañeros que forman parte del equipo y que tienen que trabajar codo con codo con los protagonistas del conflicto. 
 
Lo interesante, en este caso, es que el equipo directivo o el personal de Recursos Humanos detecten el problema a tiempo y actúen sin pensárselo dos veces. Hay que afrontar las contrariedades cuanto antes, hablando con las dos partes y a ser posible, con el resto del equipo. Solo así sabremos cuál es la magnitud del conflicto y obtendremos una panorámica con perspectiva que nos permitirá estudiar la mejor solución para todos. 
 
Ser realistas y concretos: en busca de la solución
 
Existe la posibilidad de que, al analizar la naturaleza del conflicto, nos demos cuenta de que estamos ante un problema que reviste auténtica gravedad y que en muchas ocasiones, no es fácil de solventar. No hay que perder de vista que la experiencia de las personas ante una situación u otra es completamente subjetiva. Por este motivo, y como mediadores, debemos evitar hacer juicios y atajar aquellos comentarios que los empleados puedan realizar. En ocasiones solo sirven para seguir dando vueltas a la situación y para ahondar en personalismos. Lo importante aquí es resolver el problema para continuar trabajando hacia un único objetivo profesional compartido. 
 
Escuchar y mediar
 
A todos nos encantaría resolver rápidamente cualquier conflicto. Tener una pequeña conversación y que con ella, todas las diferencias quedaran neutralizadas. Lamentablemente, la resolución de un problema laboral no depende de un gesto de magia. Nada más lejos de la realidad. Como directivo o responsable del equipo no puedes imponer la paz, ni dar el asunto por zanjado sin que haya existido una resolución clara. 
 
A la hora de mediar entre dos o varias personas, hay que adoptar siempre una postura optimista y tener claras las distintas sensibilidades. También conviene centrarse en los objetivos profesionales – que están por encima de los personales – y adoptar una serie de medidas pactadas entre todos para que la convivencia laboral sea la más óptima. 
 
Es preciso, por último, seguir pendientes del estado de las cosas y de las sensaciones de los implicados a lo largo de las siguientes semanas y meses para que el problema no vuelva a repetirse. En el caso de que el conflicto resultara insostenible, podríamos prestar atención a lo que dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El organismo recomienda resolver este tipo de situaciones a través de los cauces formales, puesto que son los más efectivos. Si esto no resultara, la empresa tendría que considerar la posibilidad de crear un órgano formal para la resolución de conflictos, dirigido por el Departamento de Recursos Humanos. 
 

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